Preguntas que todo padre migrante se hace (y que pocos se atreven a responder)
- ORCIF Luz Marie Orci
- hace 2 horas
- 2 min de lectura

Migrar no solo implica cambiar de país. También significa aprender a ser familia en un contexto completamente nuevo. Estas son algunas de las preguntas más frecuentes que escucho en consulta y algunas orientaciones para afrontarlas.
Mi hijo ya no quiere hablar español. ¿Qué hago?
En la mayoría de los casos no está rechazando sus raíces; está intentando pertenecer. Hablar inglés suele ser una estrategia de adaptación. No conviertas el idioma en un campo de batalla. Sigue hablándole en español con cariño. El español también es la lengua de los afectos y de la historia familiar.
Siento que mi hijo se avergüenza de nosotros. ¿Es verdad?
La vergüenza suele ser señal de un conflicto interno, no de falta de amor. Muchos jóvenes sienten que, para pertenecer, deben ocultar una parte de quienes son. Evita frases como 'Se te olvidó de dónde vienes' o 'Te avergüenzas de nosotros'. En su lugar, valida su experiencia: 'Entiendo que vivir entre dos culturas puede ser difícil; estoy aquí para ayudarte'.
Mi hijo ya no quiere convivir con la familia. ¿Qué está pasando?
La adolescencia y la migración intensifican la búsqueda de identidad. Antes de interpretar el distanciamiento como rechazo, pregúntate qué emoción o necesidad puede estar intentando comunicar.
¿Cómo puedo ayudar a mi hijo a sentirse orgulloso de sus raíces?
No luches para que ame primero tu cultura. Ayúdalo primero a amar quién es. La identidad es el centro de la rueda; las culturas son la llanta. Si el centro es fuerte, podrá recorrer distintos caminos sin romperse. El objetivo es que descubra que puede ser plenamente latino y estadounidense.
¿Cómo puedo acercarme a mi hijo sin juzgarlo?
No tomes sus reacciones como algo personal. Pregunta antes de corregir, escucha antes de responder y valida antes de aconsejar. Una frase sencilla puede abrir el diálogo: 'Quiero entender cómo estás viviendo todo esto'.
Mi hijo parece estar bien. ¿Es necesario hablar del duelo migratorio?
Sí. Adaptarse por fuera no significa haber procesado lo que ocurre por dentro. Muchos jóvenes callan su dolor para no preocupar a sus padres. Hablar del duelo migratorio les da permiso para expresar lo que sienten.
¿Cómo empezamos a construir una familia fuerte entre dos culturas?
1. Hablen de la migración y reserven un momento semanal para conversar sobre lo mejor, lo más difícil y lo que extrañan.
2. Cuiden a quien sostiene emocionalmente a la familia. Si la madre o el padre cuentan con acompañamiento, podrán sostener mejor a sus hijos.
3. Formen parte de una comunidad. La pertenencia a una parroquia, grupo o red de apoyo reduce el aislamiento y fortalece a la familia.
Un último mensaje para los padres
La migración cambiará el idioma, las costumbres y la manera de relacionarse, pero no tiene por qué romper a la familia. El primer paso es aceptar que todos están viviendo un proceso y abrir espacios para hablar de él. Las familias que conversan sobre lo que viven se comprenden mejor, y las familias que se comprenden mejor aprenden una nueva forma de amarse.




